• Gracias a Peppa y Babe, que nadan constantemente juntos, se sabe más sobre el comportamiento e interacción social de esta extraña especie
  • Existen esperanzadoras perspectivas de conservación de la especie tras descubrir el Oceanogràfic su forma de alimentarse
  • La especie está catalogada como vulnerable por la IUCN

Valencia, 25 de febrero de 2020.- El Oceanogràfic de València es el único acuario del mundo que tiene en sus aguas una pareja de tiburón cerdo (Oxynotus centrina), un escualo sobre el que había un gran desconocimiento, incluyendo el de su alimentación, lo que hacía improbable su conservación.

El extraño tiburón cerdo es de tamaño pequeño, de 50 a 70 centímetros de longitud, y habita por las zonas orientales del Atlántico y el Mediterráneo entre 100 y 200 metros de profundidad. El valor de poder conservar y estudiar estos individuos es que su especie está catalogada como vulnerable por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en inglés).

En el mundo sólo se tienen registrados cinco especies de tiburón cerdo y lo que se sabe de las otras es aún menos que la que se encuentra en el Oceanogràfic.

Ahora, gracias al equipo dirigido por Mario Roche que descubrió la peculiar forma de alimentarse de este elasmobranquio, – huevos de rayas y de otros tiburones- es posible estudiar con detenimiento su biología y costumbres y, también, su interacción social y reproductiva, ya que desde el verano pasado convive con una hembra, lo que convierte al Oceanogràfic en el único acuario del mundo donde pueden contemplarse una pareja.

Un descubrimiento crucial

El equipo del Oceanogràfic descubrió a los 75 días de la llegada de “Babe” cómo y de qué se alimenta este extraño animal, después de haber estado estudiando su comportamiento y ofreciéndole sin éxito alternativas de todo tipo. Tras su observación directa y una abundante lectura de documentación científica, se encontró un estudio sobre el contenido estomacal de esta especie, en el que se apuntaba la presencia en el interior del tiburón de dos embriones de otra especie de pequeño tiburón muy conocido en el Mediterráneo: la pintarroja.

Al percatarse de que no había restos de la capsula del huevo, se dedujo que el tiburón cerdo podría succionar de alguna manera el interior de la misma. De modo que pusieron al alcance del animal dos huevos de pintarroja e inmediatamente descubrieron con asombro cómo, tras una compleja maniobra de sujeción con la mandíbula inferior y tras horadar un agujero en la cápsula con la mandíbula superior, el animal succionó el contenido. El tiburón come ahora con normalidad huevos de distintas especies de rayas y tiburones y se encuentra en perfecto estado.

Este hallazgo no sólo supone conocer cómo se alimenta este animal para promover su conservación, sino que revela por primera vez el papel controlador de las poblaciones de otros tiburones y rayas que tiene esta especie al alimentarse de sus huevos.

El valor conservacionista y científico ha aumentado desde que el Oceanogràfic recibió en el verano pasado una hembra, Peppa, ya que a los datos obtenidos sobre el primer ejemplar y las lecciones aprendidas sobre su cuidado, que se han compartido con otros acuarios, ahora se añade el comportamiento de pareja, su interacción social, sexual y, posiblemente, reproductiva.

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