La Fundación del Oceanográfico se ha confertido en un referente internacional en investigación de la biodiversidad marina. Estudios y avances antes imposibles ahora se vuelven realidad gracias al trabajo desarrollado por los trabajadores que la integran. Trabajos como el estudio sobre los límites de supervivencia de mamíferos marinos como las belugas son una muestra de ello. La Beluga del Oceanográfico de Valencia ha permitido grandes avances.

En el medio natural esta especie se enfrenta al cambio climático porque podría afectar a la disponibilidad de presas; su capacidad de adaptación exige investigar por ejemplo su función respiratoria, un proyecto que el equipo de la Fundación Oceanogràfic desarrolla en colaboración con investigadores del SeaWorld (San Antonio, EEUU) y del Vancouver Aquarium (Canadá).

Kylu, el bebé beluga nacido en el Oceanogràfic hace dos años sigue siendo un acontecimiento muy estudiando por científicos de todo el mundo que están aprovechando al máximo esta rara oportunidad de observar de cerca el desarrollo de una cría de esta especie.

Los investigadores cuentan ya con una valiosa información sobre el sistema respiratorio y el metabolismo de Kylu, y también trabajan a fondo para hacer realidad una de sus grandes aspiraciones: entender cómo se comunica Kylu con su madre. El conocimiento sobre cómo desarrollan su repertorio vocal las crías de beluga es extremadamente limitado, y podría tener implicaciones importantes para la conservación. Los investigadores de la Fundación han seguido las vocalizaciones de Kylu durante dos años hasta marzo de 2018 y preparan ahora, en colaboración con grupos de la Universidad de Aarhus (Dinamarca), y St. Andrews (Escocia, Reino Unido) y Vancouver Aquarium (Canadá) la publicación de sus resultados en una revista especializada, en lo que constituirá sin duda una auténtica primicia en la literatura científica. Un gran reto que permitirá saber más de estos mamíferos gracias a las belugas del Oceanográfico de Valencia

Neurociencia en delfines

También sobre lenguaje, pero en el plano neurológico, es el proyecto que estudia cómo los delfines perciben e integran en su cerebro los silbidos de otros congéneres. Los investigadores emplean el electroencefalograma y la resonancia magnética funcional para evaluar las respuestas cerebrales obtenidas tras la reproducción de una serie de silbidos, para buscar diferencias en las respuestas. Este estudio es de una enorme trascendencia para conocer mejor los mecanismos neurofisiológicos en los que se basa el lenguaje en los delfines, así como para el estudio sobre sus habilidades cognitivas.

La investigación en sanidad marina, bienestar animal y monitorización in situ es igualmente prioritaria para la Fundación Oceanogràfic, una entidad perteneciente al grupo Global Omnium dirigido por Eugenio Calabuig. En 2018 han proseguido los trabajos de medicina forense para evaluar las causas de la muerte de animales varados y llevar a cabo estudios epidemiológicos y detección de agentes patológicos. Con la investigación en bienestar animal, las líneas abiertas tratan de definir indicadores de comportamiento que sirvan para valorar el bienestar del delfín mular o de las tortugas marinas, como, por ejemplo la función inmunológica.

Otra área de alta productividad científica ha sido el estudio de los mecanismos fisiológicos que protegen a los grandes buceadores, como los delfines y las tortugas, de los efectos de la descompresión. En el caso de los mamíferos marinos, los resultados apuntan a que, durante la inmersión, los pulmones cuentan con mecanismos específicos para evitar la formación de peligrosas burbujas de nitrógeno en sangre -causa de la enfermedad del buceador-, pero cuando los animales quedan atrapados en una red pesquera este sistema podría alterarse y en consecuencia favorecer la formación de burbujas de nitrógeno y eventualmente provocar su muerte.

Este hallazgo ha tenido un gran impacto en la comunidad científica y también en la conservación, ya que implica que muchas de las tortugas capturadas en redes, y devueltas al mar, podrían morir poco después. A escala local, la difusión de este resultado está teniendo consecuencias muy positivas: cuando los pescadores de la región encuentran entre sus redes una tortuga no la devuelven inmediatamente al mar, sino que facilitan el que puedan ser descomprimidas en la cámara hiperbárica de la Fundación Oceanogràfic antes de regresar a aguas abiertas.

En concreto, gracias en gran medida a las campañas de concienciación con el colectivo de pescadores, en 2018 se atendió en el ARCA de la Fundación a 80 tortugas procedentes en su gran mayoría de pesca accidental.


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